Escrito por: Eduardo Deliardi
Foto: Cortesía
Un día, cuando aún era muy niño, a alguien de mi familia se ocurrió
la grandiosa idea de llevarme, a ese sitio glorioso, lleno de alegrías
que se contrastan con amarguras, con sueños e ilusiones; ese sitio de
júbilo donde todos se reúnen a ver a once tipos darle a las patadas a
una pelota, para luego meterla en un arco. En ese momento no tenía que
entender mas nada, con solo eso bastaba.
Luego seguí, me llevaban a ver a
los mismos tipos en esa cancha, algunos nombres cambiaban, uno era
mejor que él sujeto que se iba, pero otras veces no. Después entendí un
poco más de lo que pasaba, comprendía cada día un poco más.
Fui
creciendo y ya era diferente, ya no solo iba a ver a los once sujetos
detrás de un balón, ahora el bombo sonaba y mi piel se erizaba, sin dame
cuenta estaba saltando, gritando. Años mas tarde me vi saliendo de
clases con unos amigos y decidimos salir a verte. Ya no era un niño,
salimos, buscamos banderas, nos montábamos en la cerca y gritábamos y
cantábamos sin parar.
Quisieron llevarte a otro lado,
dijeron que si ese sujeto no ganaba la alcaldía te mudarían, que ya
estabas vendido, que si… que si… seguimos, nos habían robado un
campeonato, habíamos llenado otro estadio que no era el nuestro, para
que el año siguiente nos amenazaran con no volver a verte. No pudieron.
Te quedaste con tu gente y siguió la sonrisa en la gente, volvió la
alegría. Pasamos ratos malos y recuerdo que te vistieron de blanco.
Bastante
ya crecido ya no me llevaban, me juntaba con los amigos de liceo,
hicimos unas banderas y seguimos gritando y saltando, como si de eso
dependiera nuestras vidas. ¿Quién lo diría? En realidad de eso si
dependemos.
Hoy, después de todo el camino a tu lado, y
que tienes más de treinta años que late este sentimiento, van pasando
los años, jugadores y también dirigentes, pero solo tú eres la alegría
de mi corazón, son los colores, juro que aunque pasen los años siempre
te voy a acompañar. Después de tanto y de todo lo que vivimos, te vi en
el mejor de tus momentos, dando la vuelta, con la copa en las manos,
levantándola hacia lo más alto, para agradecer el cuanto te amamos.

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